Puedo sentir el cielo sobre mi cabeza
de un azul que se niega a oscurecer
el aire que se amolda a la ciudad
como un ángel impávido
que envuelve mansamente las frágiles siluetas
los árboles ya no esconden
su mudo canto
y en una sinfonía de ramajes
ascienden de la nada
asi mi cabellera se despliega
mi espíritu se abre
fuertes enredaderas enlazan mis piernas
conectada a la tierra
con su savia fluyendo con mi sangre
guardando estrellas
en la mirada...